Monday, April 8, 2013

EL FISCAL TIENE TODA LA RAZÓN: LAS INFANTAS JAMÁS DELINQUEN NI EN LOS CUENTOS DE HADAS NI EN LA REALIDAD



    SI FUERA AL CONTRARIO NO SOLO LA MARCA ESPAÑA ESTARÍA EN PELIGRO SINO LA INOCENCIA DE 2.200 MILLONES DE NIÑOS EN TODO EL MUNDO[1]
 A
cabo de leer el largo alegato del fiscal Pedro Horrach oponiéndose al malévolo intento del juez José Castro de Palma de Mallorca de imputar de la infanta Cristina Federica de Borbón y Grecia, esa inocente y virginal muchacha. Y por una vez y sin que sirva de precedente no puedo estar más de acuerdo con el Ministerio Público en todos sus extremos.
    Visto lo actuado, no hay constancia ni la habrá, ni por activa o por pasiva, ni de forma directa o circunstancial, se miren los 20 legajos desde arriba, desde abajo o de costado, se ponga el lector de cubito supino o de cubito prono, e incluso en la posición del salto del tigre, de que la hija del Rey de España trabajara en las empresas Asociación Instituto Nóos de Investigación Aplicada o en la entidad mercantil Aizzon SL.
    A las alegaciones del Fiscal, que doy por leídas por quienes me siguen (la Casa Real que siempre acoge mis textos con mucho cariño y algún otro), y para más abundamiento aporto los siguientes argumentos. Para que no se me acuse de manipulación, los hago siguiendo el mismo esquema que el abogado del Ministerio Público:
    PRIMERA: PRINCIPIO DE IGUALDAD ANTE LA LEY
    La Infanta es de sangre real y su marido fue educado desde su más tierna infancia para entroncar con la aristocracia. Ana María Tejeilo, la esposa de Diego Torres, es plebeya. Y eso no tiene remedio.
    A la Infanta no se le puede atribuir cobros. Las infantas de España no trabajan ni necesitan ganarse el pan con el sudor de su encantadora frente. Lo contrario, sería una humillación y un descrédito para quien nació para ser Reina.
Para evitar ese odioso y enojoso asunto los Borbones han tenido siempre, desde que se inauguró su dinastía, la más antigua de Europa, pues data de   1317, a multitud de lacayos, palafreneros, validos, protegidos y otros individuos incalificables dispuestos en todo momento a dar la vida por ellos antes que confesar que sus señores codiciaban lo ajeno como el que más.
Manuel Prado fue uno y Diego Torres otro, aunque esté último les ha salido respondón.
Este último, en lugar de aceptar su triste sino, de sacrificarse por quien le sacó de la miseria y le cubrió de apariencias y ficciones, asumir como propios sus pecadillos e ir contento al cadalso sabiendo que al purgar las culpas de los amos hacía un gran servicio a España, se dedica a imputar injustificadamente, a la más impoluta de nuestras Infantas, acusándole de delitos típicos de la plebe que, lógicamente, el fiscal, un tipo listo y muy valido donde los haya, se encarga de desmontar uno a uno.
    La prueba más palpable de que nunca han pegado golpe la tenemos en la Reina Isabel II. Por no trabajar ni se lavaba y obligaba a sus doncellas a rociarla de colonia cada seis horas, entre coito y coito.
    El artículo 35 de la Constitución que garantiza el deber y el derecho a un trabajo digno no afecta[2] a la Familia Real ni a sus allegados. En ese aspecto son inviolables como el Rey aunque no figure en la Carta Magna.
    Las Infantas de España no han sido vistas nunca en las colas del INEM.  Y eso, que nadie pone en duda, porque sería una tremenda deshonra, se debe a que casi siempre  han vivido de los Presupuestos Generales del Estado.
    Es bien cierto que Cristina Federica tuvo un despacho, modesto y discreto, como es ella, a la par que simpática y elegante, en la Caixa de la Ciudad Condal.
    Y que lo sigue ostentando, pese a abandonar el trabajo más de un año para irse a Estados Unidos, sin despedirse de Isidro Fainé, Josep Vilarasau ni de Antonio Brufau ni permitir que éstos bajaran en fila india y a paso ligero a rendirle pleitesía.
    Pero eso constituye un servicio más a España, pedido por Miquel Roca y Jordi Pujol para frenar a los independentistas. Le durará mientras el catalanismo pueda seguir esquilmando con Rajoy como palanganero al resto de España.
    Además, el empleo fue un medio para que hablara por teléfono gratis con sus amigas, una excusa para hacerse la manicura los jueves y lavarse el pelo y darse mechas los viernes.

   E
L INTERES  GENERAL A PROTEGER ES TAN GRANDE QUE LA JUSTICIA DEBE SER COMPLACIENTE Y GENUFLEXA POR OBLIGACION CON LA ADORABLE HIJA DEL REY
    Y un subterfugio, que esto tampoco nadie lo dice, para permitir que la Caixa se extendiera por toda España sin despertar los recelos y las cautelas de la BBK (BilbaoBizcaiaKutxa), o de Eroski, a quien mucha gente identifica con algo de razón con Aralar, Batasuna, Bildu o ETA, por ejemplo.
    Sus únicas actividades, además de las tonterías de las jóvenes de su edad, se han limitado a representar dignamente a la Corona en actos oficiales y a presidir actos benéficos. Algo, por otra parte, bastante habitual en la Familia Real española y en otras casas dinásticas europeas.
    Es bien cierto que muchas veces cuando acudían a actos semi-oficiales, alguien con muy malas intenciones, siempre intentando que el germen de la corrupción anidara en  los bellos corazones de nuestros reyes, les colocaba distraídamente algún cheque con algún uno seguido de bastantes ceros en el bolsillo. Pero siempre ha ocurrido en contra de su voluntad. ¡Si lo sabré yo!
    Si muchos de esos cheques no han sido devueltos es porque en ellos no se suele poner el remitente, que es algo de mal gusto, y el correo funciona mal en España. Nunca por deseo de la realeza (que Dios Guarde porque de ellos se puede esperar poco) de admitir sobornos, prebendas, sinecuras y otras bagatelas.
    Tampoco puede decirse de las infantas españolas que se dedicaran a aliviar de la carga seminal a los primeros ministros y generales, como ocurría con su tatarabuela. Esto, además de no constituir trabajo, se cortó al menos en un 50 por ciento con el matrimonio del Rey con doña Sofía de Grecia.
    Así que si jamás ha trabajado ni sabe lo que es eso no es posible imputarle a ella por el incremento patrimonial que se produjo en su familia tras casarse con Iñaki Urgandarin que, como se sabe, procedía de una buena y adinerada familia de Zumárraga (Guipúzcoa), propietaria de minas, altos hornos,  aceriales, navieras y del banco Vital Kutxa, donde iba a entretenerse su padre y a jugar al monopoly pero con dinero real.
    Moverse entre lujos y oropeles sin preguntar jamás de donde había salido el dinero, ha sido su forma de vida durante su infancia y su juventud. ¿Por qué iban a cambiar las cosas por el simple hecho de casarse con un balonmanista mediocre y sin un duro pero con mucha jeta? ¿No le habían inculcado a la Infanta en el colegio, si en el colegio, que Dios provee al necesitado?
    En ese sentido, Rita Barberá, Francisco Camps, Jaume Matas, Alberto Ruiz-Gallardón y otros no han hecho más que cumplir la Ley de Dios. No
Ha sido así, en cambio, cuando han regalado el dinero a la plebeya Ana María Tejeilo. Eso además de corrupción es pecado mortal.
    SEGUNDA. INEXISTENCIA DE INDICIOS INCRIMINATORIOS PREVIOS
    Es cierto, tal y como afirma el juez, que doña Cristina Federica Victoria Antonia de la Santísima Trinidad de Borbón y Grecia, que ese es su nombre completo y no el que pone fiscal en su escrito,  era propietaria del 50 por ciento de las acciones de la mercantil Aizzon SL. Pero lo era no porque hubiera desembolsado un euro de su bolsillo. Los reyes y sus hijos no suelen llevar dinero y, a veces, ni siquiera bolsillos.
    Así que lo más seguro es que alguien se las regalara sin que ella lo supiera y siempre en contra de su voluntad y de su leal saber y entender y con el perverso objetivo de manchar su inocencia.
    También es cierto que ostentaba el cargo de secretaria de las Juntas Generales en la citada mercantil. Pero jamás trabajó en ella. Y como pruebas irrefutables se pueden aportar, además de las ya señaladas por el Defensor de la Legalidad, que son muchas, estas otras que se entenderán enseguida quienes no conozcan la ciencia jurídica.
    1.- Nunca se le vio salir a la calle a comprar los periódicos para los ejecutivos de la sociedad ni a recoger la correspondencia.
    2.- No era la encargada de encender la cafetera por las mañanas, de poner el aire acondicionado o la calefacción ni tenía como misión servirle el café a los directivos de la compañía.
    3.- Nadie ha reconocido en autos que fuera la encargada de coger el teléfono, tomar nota de las llamadas, ni  de abrir la puerta a las visitas.
    4.- Tampoco era la responsable de mandar a comprar las pastas y la bollería, cada vez que a don Carlos García Revenga o a don Diego Torres les apetecía un dulce. Solo consta que le endulzara la vida a Iñaki Urdangarin, pero ese es otro cantar.
    5.- Ningún camarero de los restaurantes que solían frecuentar los ejecutivos de Nóos o Aizzon recuerdan que llamara para reservar mesa ni para anular la reserva.
     6.- Cuando los dirigentes del Partido Popular acudieron a Marivent y a La Zarzuela a hacerle una dádiva de algunos cientos de miles de Euros, porque les sobraba el dinero y no porque Nóos se lo pidiera, no fue ella la encargada de recibirles, recogerles los paraguas y los abrigos y guardarlos en el armario de la entrada.
    7.- Tampoco hay constancia de que les ofreciera los periódicos durante la espera, ni que fuera la responsable de devolverle sus prendas a la salida ni de de que ayudara a Francisco Camps, a Jaume Matas ni Rita Barberá a ponerse la gabardina, con lo que le cuesta este menester a esta señora.
    8.- Doña Cristina Federica de Borbón y Grecia no sabe taquigrafía, con lo cual no pudo seguir al pie de la letra los acalorados debates de los consejos de administración de ambas sociedades donde se discutía, hasta el mínimo céntimo, cuántos millones de Euros iban a «trincar» de cada autonomía y que informe «estúpido» le iban llevar a sus honrados y dadivosos amigos para que «vistieran el muñeco».
    9.-  Tampoco pudo redactar las actas, toda vez que el esmalte de sus uñas no ha sido hallado en la maquina de escribir ni en ninguno de los ordenadores de ninguna de las sociedades.
    10.- Tras el minucioso examen y cotejo de las huellas dactilares de los centenares de escritos de esta sociedad en poder del Juzgado, de la Fiscalía y de toda la Prensa en general, salvo la de La Zarzuela, no se ha encontrado su impresión digital, lo que releva que jamás toco ni vio de lejos un solo papel. 
    11.- De las declaraciones de don Iñaki Urdangarin, de don Diego Torres, de don Carlos García Revenga o de don Miguel Tejeiro Losada  no se deduce que realizara ninguna otra de las labores que en España se suelen atribuir, con bastante machismo por cierto, a las secretarias.
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AL VEZ SEA CIERTO QUE PERMITIÓ QUE SE COLOCARA SU FOTO EN UN CARTEL DE NÓOS PERO QUE FUE PARA QUE NO SE PUSIERA EL DE CORINNA Y EVITAR UN CONFLICTO FAMILIAR, HECHO QUE EL JUEZ CASTRO PASA POR ALTO
    12.- Aunque la palabra secretaria viene de secreto, no consta ningún chismorreo atribuido a la Infanta. Es decir, no habló nunca mal de nadie. Y si no lo hizo siguiendo la inveterada costumbre española muy arraigada entre las secretarias al referirse a sus jefes es, además de por su selecta y primorosa educación, porque no fue secretaria de nadie.
    13.- Por si aún quedaban dudas, es absolutamente cierto que ningún vecino vio nunca coches de policía ni escoltas en la puerta de la empresa.
    14.- Tampoco se observó nunca la presencia de impresentables paparazzis ocultos entre los matorrales para inmortalizar el modelito que usaba cada día y luego contarlo en los programas del corazón.
    15.- A más abundamiento, doña Cristina Federica Victoria Antonia de la Santísima Trinidad de Borbón y Grecia no fue nunca secretaria de los consejeros de administración de las sociedades Nóos y Aizoon porque estos no se reunieron nunca. Las empresas eran meros artificios para «buitronear» el dinero del Estado, materia que no entraba, como es lógico, en las refinadas y cultas aficiones de la hija del Rey.
    16.- De todo lo cual se deduce sin posibilidad de argumentar en contrario que la Infanta de España fue y es una secretaria con muchos secretos ocultos pero que resulta etérea e inexistente en la práctica para la mortal Justicia.
    17.- Por lo tanto, según el Código Penal, cuando no hay sujeto pasivo al que cargar con el muerto desaparece la responsabilidad criminal, salvo que el instructor hubiera sido Baltasar Garzón, al único juez al que se permitió imputar a Franco en España una vez muerto.
    TERCERA. INEXISTENCIA DE INDICIOS INCRIMINATORIAS POSTERIORES
    Tal y como afirma el Fiscal con enorme contundencia en sus 20 folios cargados de razonados razonamientos, con los que trata de refutar las 14 dudas del juez, tampoco hay indicios incriminatorias nuevos. Ni los hay ni los habrá.
    «Absolutamente ninguno», para que quede claro.
    No puede imputársele, como pretende la Acción Popular, que sea un delito utilizar los fondos de Aizzon. Todas las mujeres españolas sisan y emplean el dinero de sus maridos a sus espaldas sin preguntar de qué empresa se lo han llevado y sin que ello constituya ilícito penal alguno. Ni siquiera es delito en los procesos de separación y divorcio cuando las ex esposas se quedan con la mitad del salario, el piso conyugal, el coche y hasta con la moto si el «ofensor» hubiera sido el Fiscal Pedro Horrach.
    Tampoco puede considerarse delito que contratara el servicio doméstico y pasara las facturas a la empresa Aizzon SL. En España los reyes y sus descendientes siempre han cargado sus gastos a los demás y nadie se ha quejado nunca por ello, salvo el nacionalista Iñaki Anasagasti que siempre anda jodiendo.
    Tampoco pueden deducirse indicios delictivos del siguiente correo que Iñaki Anasagasti (perdón Iñaki Urdangarin) le hace llegar a su socio Diego Torres y éste, despechado y sin medir que la marca España estaba en riesgo, le muestra al juez:
     «Por lo demás bien, no tengo noticias de Pedro [Perelló] más que tu correo de la semana pasada… siempre dice que pondrá un email pero… Tengo un mensaje de parte del Rey y es que le ha comentado a Cristina para que me lo diga que le llamará [Francisco] Camps a Pedro [Perelló] para comentarle el tema de la base del Prada y que en principio no habrá problema y que nos ayudarán a tenerla».
    Afortunadamente para el Rey (que podía haber sido llamado como testigo, en el Derecho anglosajón claro), tal y como argumenta el Fiscal, resulta que el asunto de la base del Prada, a la que hace referencia el email, y que nadie sabe de que coño se trata, no es objeto de investigación en la presente causa.
    A más a más, el regatista Pedro Perelló, amigo de las infantas, lo ha dejado claro: «El Rey no buscó patrocinador para nuestro proyecto aunque dijo que nos ayudaría. El proyecto Copa de América Ayre [donde al parecer se incardina el asunto de la base Prada] era mío, no de Urdangarin y Torres. Ellos llevaban el área social del mismo (osease la parte del trinque fácil), pero no había dinero de por medio. Yo fui a ver a Camps, no por intermediación de Cristina ni su Majestad, sino a través de una tercera persona que yo conocía»,  explicó Pedro Perelló a Vanity Fair. Lo que deja al Monarca en muy mal lugar. Le promete una cosa a su yerno y luego no la cumple.
    Y, además, desde cuándo es perseguible por la Justicia que una mujer le comente a su marido lo que le ha dicho su padre, los «buenos consejos» que el Rey de España daba a su marido por medio de ella, para ser más claros. ¿Conoce alguien a algún suegro que no ayude a su yerno a ganarse la vida?. Inferir de este dato, [de estos buenos y paternales propósitos], sin otros elementos de prueba, que la Infanta estaba metida hasta el cuello en otros delitos que ni se investigan, vuelve a ser «una reiteración de la sospecha, una suposición huérfana de apoyo probatorio». ¡Bravo por el Fiscal Horrach!
  D

ADA SU HONRADEZ Y RECTITUD MÁS QUE PROBADAS, EL GOBIERNO DEBERÍA MANDAR A ESCRIBIR UN CUENTO SOBRE LA INFANTA Y QUE SE LEYERA OBLIGATORIAMENTE EN LAS ESCUELAS, EN LUGAR DE EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANIA, PARA QUE SIRVIERA DE EJEMPLO.
    Es bien cierto que doña Cristina de Borbón se desplazó junto con don Iñaki Urdangarin a Granollers a ver un local por si decidían cambiar la sede del Instituto Nóos. Eso nadie lo pone en duda.
    Igualmente no es menos cierto que doña Cristina de Borbón y don Iñaki Urdangarin presidieron la presentación del proyecto 2015 «Un mundo mejor para Joana», un proyecto en el que estaba trabajando el Instituto Nóos para Telefónica.
    Pero ello tampoco constituye delito alguno. ¿O acaso no debería doña Cristina de Borbón acompañar a su marido a Granollers, no fuera que con la excusa de ver un piso éste tuviera otras intenciones y se fuera de picos pardos?
     ¿No está entre las tareas de una buena esposa impedir que su marido anide en otra alcoba dejando vacío el nido familiar? ¿Va el juez Castro a imputarle por defender la familia tradicional española tan excelentemente representada, como todo el mundo sabe, por la Familia Real, modelo de amor, de ternura, de devoción del uno en contra del otro, de romanticismo, de franqueza, de rectitud, de honestidad  y de fidelidad hasta que la muerte los separe?
    ¿Iba doña Cristina de Borbón a permitir que con el pretexto de «Un mundo mejor para Joana», evento que quiso presidir una tal Corinna zu Sayn-Wittgenstein, asesora de su marido en no se sabe que menesteres y artimañas, le fuera arrebatado lo que es suyo como ocurrió con su padre quien, harto de ser perseguido por la supuesta furcia real, se fue a cazar con ella a Botswana perdió los estribos, y cosa normal ya que ni siquiera Adán era de piedra, acabó «cazado» sucumbiendo a las tentaciones de la carne (de elefanta)?
    CUARTA. INEXISTENCIA DE INFRACCIÓN PENAL
    Tal y como asegura el Fiscal entre líneas, según los más malévolos lectores, si no hubo roce carnal no es posible que existiera ilícito moral.
    De ahí que el ministerio público se formule la obligada pregunta, el nudo gordiano del asunto, la esencia misma del ser o no ser de España, según refleja el escrito: «¿Qué hecho, dato, circunstancia, documento, testifical o cualquier otro elemento incriminatorio ha sobrevenido [para que éste] altere sustancialmente la argumentación de hace un año?». Su respuesta no deja lugar a la menor duda y ha devuelto la tranquilidad a millones de españoles: «Absolutamente ninguno». Lo que le mueve a establecer la siguiente y amable recriminación contra el instructor por sembrar la zozobra entre la clase política, los banqueros y presidentes de grandes corporaciones: «No alcanza este fiscal a comprender por qué solo unos meses más tarde se apela a los mismos hechos y datos para sustentar la conclusión contraria».
    Y no le falta razón. Si hace un año todo era negro, oscuro, pestilente, y debido a ello fue imputada Ana María Tejeiro, la mujer de Diego Torres, no hay razón para volver a remover la mierda por mucho que 47 millones de españoles piensen que la Ley debe ser igual para todos. Sobre todo, ahora que España va bien.
    Yerran por tanto quienes sospechan que si Cristina Federica de Bárbon[3] y Grecia no es imputada la Justicia se convierte en genuflexa, sumisa, dócil y hasta amariconada, al colocarse al servicio de los poderosos. Eso es imposible. Siempre lo ha sido, salvo excepciones. Y si no que le pregunten a Rosendo Naseiro, a Javier Gómez de Liaño, a Los Albertos, a Mario Conde, a Javier de la Rosa, a Francisco Camps, a Carlos Fabra, a Miguel Durán, a Jordi Pujol, a José Antonio Durán y Lérida, o a Artur Más, por poner sólo unos pocos ejemplos.
    Si no se actuara de la misma manera con la Infanta, ¿alguien dudaría de que no se estuviera rompiendo el principio de igualdad, ese principio que iguala por arriba a los poderosos, tal y como consagran los tribunales casi siempre, interpretando como debe ser nuestro sagrado y justo ordenamiento jurídico?
    De ahí que, ahora, para cumplir lo que no está escrito pero no es menos cierto, jueces y magistrados deberían hacer la vista gorda e ignorar que doña Cristina Federica Victoria Antonia de la Santísima Trinidad de Borbón y Grecia fue vocal de Nóos, titular del 50 por ciento de las participaciones sociales de Aizoon S.L,  dispuso de fondos de esta sociedad, cargó gastos personales a esta empresa y contrato por medio de ella a los empleados de su hogar, solo están cumpliendo la Ley tal y como se concibe por el sector más privilegiado de la sociedad. Y, de paso, echar en saco roto que dejo que su nombre figurase en el folleto de visita de Nóos, conoció la intervención del conde de Fontao, José Manuel Romero, para alertar de las actividades de Urdangarin,  transmitió mensajes del Rey a su marido acerca de algunos «negocietes» de nada que llevaban éste y Torres entre manos y de otras muchas cosas que aún siguen ocultas, pero que algún día pudieran aflorar.
    Mientras no le quiten la venda de los ojos la Justicia es ciega, más en unos casos que en otros bien es cierto. Pero es que no conviene pasar por alto que también es mortal y, como tal, tiene sus debilidades y sus querencias.
   Y

 QUIÉN MEJOR PARA ESCRIBIR CUENTOS CHINOS QUE ANA BOTELLA, LA PERFECTA AMA DE CASA QUE RIGE LOS DESTINOS DE LOS MADRILEÑOS E IMPIDE QUE SE SISE EN LOS CAMPOS DE GOLF PÚBLICOS?
    ¿Por qué no vamos a creer la patraña que han urdido sus amigos de que la Princesa se que se dejó fotografiar en un cartel de Nóos para que no figurara en él Corinna zu Sayn-Wittgenstein, y diera la impresión de que su marido pretendía hacerle sombra al Monarca, creando un cisma en Palacio, que ya se sabe que el Rey llegó a ponerle a la rubia alemana una casa de campo en el Pardo, comunicada interiormente con La Zarzuela, siguiendo la estela de François Mitterrand, que tuvo a su amante viviendo 14 años en El Eliseo, entrando igualmente por una puerta falsa, hecho que sabían todos los franceses salvo su mujer, Danielle Émilienne Isabelle Gouze de Mitterrand, la reina bis de todos los galos?.
    Además, si se le tomara declaración, tal y como tan sabiamente ha señalado el ministro del Interior José Manuel García-Margallo y el presidente del Govern Balear las marcas «Baleares» y «España» se hundirían en el fango, en la ignominia y en la desvergüenza y este país jamás levantaría cabeza. Una Infanta de España robando, ¿pero, dónde se ha visto eso? ¿De que mente tan calenturienta ha salido ese engendro?
    Desde Blancanieves y los Siete Enanitos, a la Princesa Encantada,  a la Princesa y el Guisante o a La Celestina (perdón a La Cenicienta), las princesas e infantas de todos los reinos del planeta que han sido, son y serán  siempre seres angelicales, ingenuos y bondadosos, y los malos son las brujas y las madrastras. Y los Diegos Torres, advenedizos y chupóteros, como siempre.
    ¿Qué pasaría con los 2.200 millones de niños que hay en el mundo y que todavía leen cuentos y creen en Papa Noël, si con simples vaguedades, bagatelas, pruebas sin consistencia, indicios irrelevantes, mariconadas, vamos, salidas del caldo de cerebro del juez Castro se condenara a doña Cristina Federica Victoria Antonia de la Santísima Trinidad de Borbón y Grecia?. No hace salta decirlo: que estaríamos fomentando el odio y el rencor entre la infancia y la juventud, destruyendo su inocencia, su idealismo y su candor.
¿Qué pasaría con la factoría Disney, con las películas de dibujos animados, y con tantas librerías de cuentos para niños como hay en el planeta? ¿Qué tendríamos que hacer con tantos millones de películas de Príncipes y Princesas? ¿Qué insano mundo estaríamos construyendo entonces?
    De ahí que no me quede más remedio que unirme al grito desesperado y desgarrador de García-Margallo. La justicia debe ser complaciente, sumisa, tolerante, almibarada sin llegar a ser empalagosa,  e indulgente con las Princesas e Infantas de sangre real o plebeya si se tratara de doña Leticia. Si se le llamara a declarar por un quítame allá esas pajas, por un yo dije que no dije que dijera y, peor todavía, si se le sentara en el banquillo, por intermediar como buena hija y esposa entre su padre y su marido, para que éste se ganara un dinerillo extra con el sudor de la frente de los demás con el que comprar un mendrugo de pan a sus cuatro hijos no sólo estaría en juego la marca España sino algo más importante todavía, el maravilloso mundo de los niños se vendría estrepitosamente abajo
    Y si no fuera así, si un padre no puede echarle una mano a su hija, por que coño se administra la Justicia en nombre del Rey, la persona más honesta y honrada del mundo, pero al mismo tiempo la más condescendiente con nuestras debilidades. De manera especial, con las de Alberto Alcocer, Alberto Cortina, Manuel Prado y Colón de Carvajal, Bárbara Rey, Corinna zu Sayn-Wittgenstein, Hassan II, Zourab Tchokotua y alguno más que me reservo para mis libros. No voy a escribir siempre gratis, joder, que ya está bien. ¡Honrado pero no tonto!
____________________
    [1] Fotos: 1.- Por cuatro duros de nada nadie debería enturbiar el cuento de hadas de Cristina e Iñaki. 2.- Si José María Aznar no paga 12.000 Euros y no se sienta en el banquillo por qué ha de hacerlo una Infanta de España. 3.- Si Adán sucumbió a la tentación de la manzana, como no iba el Rey a sucumbir a la sonrosada manzana de Corinna zu Sayn-Wittgenstein. 4.- Nadie puede arrebatar la ilusión a un niño condenando a una Infanta, que es lo mismo que una Princesa pero sin trono por el «delito» de nacer unos meses después.
    [2]  Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia.
    [3] Así la llama el fiscal en el folio 4

EL FISCAL TIENE TODA LA RAZÓN: LAS INFANTAS JAMÁS DELINQUEN NI EN LOS CUENTOS DE HADAS NI EN LA REALIDAD

 

    SI FUERA AL CONTRARIO NO SOLO LA MARCA ESPAÑA ESTARÍA EN PELIGRO SINO LA INOCENCIA DE 2.200 MILLONES DE NIÑOS EN TODO EL MUNDO[1]
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Friday, April 5, 2013

ARTUR MAS, ¿ES UNO DE LOS NUESTROS?

REGALAR HISPASAT AL CATALANISMO SEPARATISTA HA SIDO UNA TRACICIÓN A LA PATRIA POR UN GOBIERNO DE INÚTILES



 
R
ecuerdo con nostalgia el realismo de la Prensa americana en la etapa en la que estuve haciendo un stage de un año en la revista Time de Nueva York.
Casi todas las semanas, en la reunión de los lunes en la que se planificaba el trabajo de la semana, el jefe de corresponsales daba cuenta de los asuntos de interés general que estaban ocurriendo en el mundo, o estaban a punto de ocurrir. Casi al final siempre decía.
─ Y desde Manila nos informan que un nuevo general está a punto de dar un golpe de estado en contra de Cory Aquino.
─ ¿Otro general? – se quedaba pensativo el director Henry Muller. Luego se volvía hacia el corresponsal de la revista en el Pentágono y muy serio le preguntaba:
─ ¿Has hecho alguna averiguación? ¿Sabes si es uno de los nuestros?
─ He hablado con el secretario de Defensa. Me dice que ni le conocen.
 ─ Entonces, olvidemos del asunto. No habrá golpe de Estado.
La anécdota me vino a la memoria hace un par de días cuando me enteré  que Mariano Rajoy, el hombre que más hace por todos nosotros, con la mirada puesta en nuestros bolsillos para que gastemos menos y logremos nuestros bienestar y nuestra felicidad; ese sujeto que todavía no juega gratis al golf pero tiene un swing para trincar lo ajeno mediante el BOE que pasará a los libros de historia junto a José María El Tempranillo, Rajoy, decía, estaba a punto de entregarle a Abertis, una filial de la Caixa, el control de Hispasat, la empresa estratégica y militar por excelencia (aunque por ahora el ochenta por ciento de su uso sea civil) del Estado español.
Algo que el interfecto debiera conocer por muy lerdo que sea. Porque no hace No falta nada más que leer las noticias para saber que en el futuro todas las guerras se harán por ordenadores y desde satélites y con artefactos de tierra, mar y aire, como demuestra día a día Estados Unidos con sus Intruders o Predators y sus proyectos para construir tanques y buques de guerra anfibios no tripulados. Y que los soldaditos de plomo con los que jugó en su infancia están a punto de pasar a la historia.
Y me asaltó la pregunta. ¿Artur Más es uno de los nuestros? ¿Podemos confiar en él? ¿Podemos entregarle los secretos estratégicos y militares a la persona que se ha declarado el enemigo más acérrimo de la nación española sin que eso suponga el suicidio de todos nosotros?
Enseguida, tal vez por asociación de ideas, me vino a la mente otra anécdota. En los alegres años ochenta, durante un viaje a México, me entrevisté, con Emilio Azcarraga Vidaurreta, el viejo, el dueño de Televisa, el segundo imperio más grande del país que presumía de dos cosas, de haber aportado la trompeta a los mariachis de la plaza Garibaldi del DF, como dicen allí, y de haber metido entre sus sábanas a todas las actrices protagonistas de su decenas de miles de telenovelas, lo cual de ser cierto si que sería una proeza y no las que se le atribuyen al tal Rajoy.
En aquel encuentro hablamos de muchas cosas y una de las que me contó fue como, en una de las reuniones del Comité  de las Naciones Unidas para la utilización pacífica del Espacio Ultraterrestre, que regula y adjudica las órbitas de los satélites geoestacionarios entre los países capitalistas, a su país de acogida le habían asignado una. Y como Miguel de la Madrid, el presidente, no tenía dinero para colocar un satélite en órbita, le transfirió los derechos siempre que el caso de guerra su uso fuera sólo militar. «Hoy puedo decir que soy la única persona del mundo que tiene su propio satélite».
Lo que no me contó el espabilado empresario de padres vascos, dueño de medio México, privilegio que compartía con Carlos Slim, fue que, en su osadía, en lugar de comprar un satélite propio, pensó que era más barato mandar un cohete al espacio, capturar un satélite ruso de los muchos que habían en órbita convertidos en chatarra, bajarlo a la tierra, arreglarlo y volverlo a poner 35.786 kilómetros sobre nivel del mar. «Aquella idea suya nos creó tal cúmulo de problemas que durante décadas los rusos nos estuvieron atosigando a preguntas acerca de si estábamos utilizando a un mexicano para robarle su tecnología espacial», me contó años después en el Departamento de Estado Collin Powell, al que fui a ver por recomendación de Ana Palacio para que me echara una mano en uno de mis libros. «Lo peor es que entre más explicaciones les dábamos, menos nos creían».
RAJOY CREE TODAVÍA QUE LAS GUERRAS SE GANAN CON LOS SOLDADITOS DE PLOMO CON LOS QUE JUGABA EN SU INFANCIA? 
Hay otras muchas razones para no dar ni agua a los catalanes. La primera de ellas, por un simple acto de dignidad, de honradez con la nación.  Desde el siglo XVIII han considerado que ellos son los dueños de España y que el resto de la nación está para servirles. Basta leer a Ernest Lluch o a cualquier historiador económico catalán para entenderlo. Durante la etapa en que en cada casa había un telar, implantaron en España desde Fomento Nacional del Trabajo y otros lobbies de la época lo que Lluch y otros autores llaman el «prohibicionismo», «teoría económica» que iba más allá del proteccionismo y consistía en «prohibir» la entrada en la nación española de cualquier género que no fuera el producido por ellos, obligando a los guardias de aduanas de los puertos de Cádiz, Cartagena, la «raya» de Portugal y otros a perseguir a los contrabandistas de manteles, sábanas y otros artículos y a cargarlos de cadenas en las mazmorras de Madrid. Era tal la desvergüenza que la nación entera dependía exclusivamente de sus telares, «aunque las mercaderías procedentes del Reino Unido costasen tres veces menos debido a los avances en sus telares de lanzadera y a la aplicación de la máquina de vapor a los mismos», dice Lluch.
Luego vino la Guerra de la Independencia de Estados Unidos, The American Civil War (1861-65) como dicen por allí y como los estados sudistas dejaron de cultivar y exportar algodón a Europa, obligaron a la reina Isabel II a desentenderse un rato de sus numerosos amantes para dictar leyes obligando a los agricultores extremeños y andaluces a arrancar sus plantaciones de cereales y berzas (cuanto le gustan a Rajoy) y dedicar sus tierras al cultivo del algodón, para abandonarlos inmediatamente (era de inferior calidad) una vez los inmensos campos de  cultivo del otro lado del Atlántico se restablecieron y Carolina del Sur, Georgia, Louisiana y Alabama reestablecieron relaciones comerciales con los empresarios catalanes.
De donde se deduce que Cataluña ha tratado al resto de España no solo como su colonia y su mercado cautivo sino algo peor. Acabaron durante siglos con la libertad de comercio y llegaron a considerar a los jornaleros andaluces y extremeños casi como sus esclavos o sus criados.
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URANTE SIGLOS LOS CATALANES TRATARON AL RESTO DE LOS ESPAÑOLES COMO ESCLAVOS, LES IMPUSIERON SUS LEYES «PROHIBICIONISTAS» Y PRESUMÍAN QUE ERAN LA ««FÁBRICA DE ESPAÑA»
Aunque carecían de un sistema financiero propio, aunque la primera máquina de vapor se instaló en el Llobregat en 1833 (casi un cuarto de siglo después que en el Reino Unido), aunque carecían de altos hornos, de industrias siderúrgicas, navales, de defensa (los puntales de la prosperidad de los pueblos en los siglos XIX y XX); aunque la industria ferroviaria se instaló allí (La Maquinista Terrestre y Marítima hoy propiedad de Alstom)
con casi medio siglo de retrazo (1861) con respecto a Francia, Alemania o Reino Unido su arrogancia fue tal que con unos cuantos miles de telares durante la Segunda República pretendieron hacer creer al resto de los españoles que ellos eran «la fábrica de España» y que el resto del país éramos unos vagos.
Con esa leyenda mitad verdad mitad mentira de que ellos eran un pueblo próspero  y trabajador y el resto de los españoles un hatajo de rancios aristócratas, curas y militares, vagos y semianalfabetos, que solo servían para hacer guerras, matar y saquear a otros pueblos viviendo del botín obtenido; entre amenazas de separarse de España si no les concedían una situación de privilegio porque ellos eran más listos, más guapos y más inteligentes, quitándole los derechos a producir bienes y servicios en igualdad de condiciones a los demás vivieron hasta la llegada de la democracia con Adolfo Suárez, en 1978.
A partir de entonces, con sus estatutos de autonomía que les daban plena libertad legislativa y ejecutiva y hasta económica, las burguesías catalana (y vasca) pensaron que rápidamente iban a colocarse de nuevo a la cabeza de España y a revivir el esplendor y la gloria de tiempos pasados estableciendo su «protectorado» sobre el resto del país, sometiéndolo a sus «chantajes» económicos y comerciales. Hasta que llegó la UE y les obligó a desmantelar sus obsoletas empresas y a fabricar el Guggenheim, como un monumento a la chatarra en que se había convertido Bilbao.
Aunque el Estado central le regaló unos Juegos Olímpicos para que se dieran a conocer al mundo, lo mismo que Andalucía con su Exposición Universal, no supieron sacar provecho de ello. Y, lamentablemente para ellos, fueron los rancios y caducos aristócratas de la Villa y Corte, los curas y militares asentados en sus medianías a los que tanto odiaban, los que se llevaron el gato de la prosperidad y la riqueza. De modo y manera que Madrid se colocó en la cabeza de España por renta por habitante, numero de industrias, servicios y políticos dilapidadores, al estilo de Alberto Ruiz Gallardón o Esperanza Aguirre, que todo hay que decirlo.
Lo cual era algo que catalanes y vascos, que vieron desaparecer sus telares,  aceriales e industria naval debido a de los países asiáticos no podían soportar. De modo y manera que cuando José María Aznar, al igual que José Bonaparte, José María Salamanca y Mayol (marqués de Salamanca), María Cristina de Borbón, Fernando Muñoz (duque de Riánsares y marido de la reina regente), Juan Álvarez Mendizábal, Pascual Madoz y otros muchos, montó su proceso de desamortización de los bienes del Estado, muchas de ellas estratégicas, pasándolas a manos de sus amigos sin que nadie protestara, Jordi Pujol y Xavier Arzalluz exigieron su parte del botín. Pero la derecha española, cavernícola y retrograda, no sólo no satisfizo sus aspiraciones. Por el contario, para que no volvieran a cuestionar su autoridad les quitó el BBV para fusionarlo con Argentaria.
José Luis Rodríguez Zapatero, tipo brillante donde los haya, intentó enmendar los errores de su antecesor. Cedió a los encantos de los catalanes que solo venían por dinero a Madrid (por algo estaba años antes la Fabrica de Moneda y Timbre en la capital) y les regaló la Comisión Nacional de Telecomicaciones, Repsol, consintió que muchas empresas estatales fueran «compradas» por Abertis (filial de la Caixa) y le permitió expandirse sin control por el resto de España, de la misma manera que regaló Cajasur a la BBK (Bilbao Bizcaya Kutxa) del PNV para que pudieran conquistar el mercado andaluz, ya que con la marca vasca no se comían un rosco debido a que los andaluces identificaban BBK con ETA.
El leonés errante y errático carecía de luces para saber que una vez convertida la nación en patio de Monipodio y abierto el mercadeo y el chalaneo con los nacionalistas, se abría la puerta al separatismo y a la desintegración de la nación. Porque con unos nacionalismos desbocados, que solo piensan en la destrucción de España aunque ello no signifique su propio provecho; con unas autonomías movidas por una voracidad que ya quisieran para si las pirañas, con un desenfreno y unas apetencias sin límites, que roza casi el canibalismo, con la llegada de Artur Más a la Generalitat se planteó lo inevitable.
El llamado President planteó la independencia económica de Cataluña por medio de un Pacto Fiscal que lo único que tiene de pacto es que España renuncia a mandar inspectores de Hacienda a Barcelona y Rajoy, ese genio que no es capaz de gobernar su intestino pero pretende gobernar a España, entre viaje si y viaje no al retrete, sacó fuerzas de no se sabe donde y debió decirle algo así como «tararí que te vi»·
Lo cual hirió de tal manera el sano orgullo y el seny de Más que, envuelto en una senyera recién comprada en China, convocó a ese pueblo industrioso, saqueado durante siglos por «el pueblo miserable y hambriento de Castilla», que vive de «chupar la sangre» de Cataluña, y les forzó a quitarse para siempre de encima el yugo de la iniquidad y la esclavitud.
Llegados a este punto de no retorno hace una semana Rajoy recibió en secreto a Mas e intentó llegar a un acuerdo con él convencido de que con los cocodrilos y otras alimañas se puede pactar. Y en lugar del libro «Los políticos no robamos tenemos a Barcenas» que suele regalar a las visitas ilustres, envolvió en papel de celofán la empresa Hispasat y se la entregó con una condición: hasta dentro de unas semanas no debía cambiarle el nombre por el de Catalanosat. Y como de bien nacidos es ser agradecidos, Más, que como su apellido indica siempre quiere más (más y más y más, pero mucho más) le respondió dándole una patada en la espinilla. «Que nos den todos los Hispasat que quieran, que los vamos a coger porque eso es parte del robo de Madrid a Cataluña, pero de ninguna manera vamos a frenar la consulta soberanista».  
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 N PLENA ESQUIZOFRENIA SEPARATISTA A ARTUR MAS YA SOLO LE FALTA MATAR AL PADRE, ES DECIR A ESPAÑA, PARA QUE LE INTERNEN EN UN PSIQUIÁTRICO CON VISTAS A LA CÁRCEL DE CAN BRIANS
Al principio me peguntaba: Artur Más, ¿es de los nuestros?. La pregunta creo que se contesta por si sola. Comido por el odio a España, con una inquina y una obsesión enfermiza en contra de Madrid y Valencia, pues no está dispuesto a que le arrebaten a los suyos, osease a los catalanes, el derecho el inalienable a ser «la fábrica de España», el individuo vive en plena esquizofrenia y solo tiene una idea, la de matar al padre (es decir, a España) para que nadie dude ya que está loco de atar y lo encierren en un psiquiátrico con vistas a Can Brians, que es una prisión que más bien parece una sala de estar ya que se entra y se sale en un periquete.

Lo que hay que preguntarse, por tanto, es otra cosa: Mariano Rajoy, Cristóbal Montoro, Luis de Guindos y esa pléyade de arruina patrias, ¿son de los nuestros?  O constituyen, como me temo, una banda de forajidos capaces de asaltar al país y entregarles mediante el BOE  España a los catalanes enemigos de la nación para seguir conservando ese estúpido privilegio de sentirse por encima de los demás perpetrando fechorías junto con Ángela Merkel, José Manuel Durao Barroso, y esa otra banda de delincuentes. Ya que desaparecido el Estado de Derecho y las libertades básicas (Europa ese club de intereses mal avenidos, donde unos piratas o corsarios disfrazados de políticos te pueden robar la cartera a plena luz del día como acaba de ocurrir en Chipre,  ya no es una democracia) solo queda la barbarie, la sinrazón y el única Ley válida es la de la patente de corso que cada gobernante se otorga a si mismo no para arrebatarle el botín a sus enemigos, que hasta habría quien lo justificara, sino para actuar en detrimento de sus semejantes y acabar con la clase media.
Todo lo cual me hace recordar aquellas memorables palabras que pronunció Thomas Jefferson durante la Convención de Filadelfia (14 de mayo al 17 de septiembre de 1987), donde se perfiló definitivamente la Constitución de Estados Unidos. «Los dos enemigos del pueblo son los criminales y el Gobierno, así que permítanos restringir a los segundos [a los políticos] con las cadenas de la Constitución para que no se conviertan en la versión legalizada de los primeros».
Constato, sin embargo, que la frase ha perdido todo su sentido. Lo peor de la Constitución española de 1978, que ya casi nadie cumple, es que ampara a los delincuentes que se han adueñado de ella y la venden a trozos como si fuera papel de retrete, de los retretes públicos de los años de la postguerra. Sólo nos faltaría ahora que Más, tratando de imitar a Azcárraga, no solo se apropiara de Hispasat por la cara sino que vendiera la empresa a los rusos, a la mafia de la droga o a los hijos de Muammar El Gaddafi, si es que queda alguno vivo. Porque, como buen catalán, Más nunca será de los nuestros, no nos hagamos ilusiones, sino de donde hayan pelas que llevarse a Suiza.