Sunday, March 24, 2013

SI FELIPE GONZÁLEZ HUBIERA DISPUESTO DE DRONES NADIE LE HUBIERA ACUSADO DE MONTAR LOS GAL




LOS AVIONES PREDATORS TAMBIÉN MATAN A TRAICIÓN A LOS ENEMIGOS DE LA LIBERTAD PERO NO HABLAN COMO AMEDO Y DOMÍNGUEZ
 
 

Hubo un tiempo en un país en el que los terroristas eran malos y mataban a los niños y a las personas inocentes y el presidente del Gobierno, que les había reído las gracias en los tiempos de Franco y miraba para otro lado en la oposición,  se puso recho, como dicen en México, y hasta bravo, y les dio varios ultimatums. “O dejáis de matar y entregáis las armas o voy a por vosotros y os encontraré donde sea, que el estado de Derecho también se defiende desde las alcantarillas”.
Los terroristas se tomaron a broma las advertencias pero aquel Presidente, que de niño había jugado con los malos, había aplaudido sus matanzas, y hasta había hecho planes con ellos para derrocar a la dictadura. Pero ahora que era Primer Ministro no quería que le pasara lo de la República, cuando los suyos, osease sus conmilitones, mataron al diputado José Calvo Sotelo y hubo una guerra en la que “ninguno de los dos bandos dio tregua al otro”. Así que para evitar que, en un descuido, los pistoleros más violentos mataran, pongamos por caso, a Adolfo Suárez y le echaran la culpa a él como le pasó a Largó Caballero, a Indalecio Prieto, a Juan-Simeón Vidarte o a Juan Negrín, y a otros de los suyos cuando el capitán de la Guardia Civil Fernando Condés Romero asesinó al líder de la oposición en julio de 1936, montó una banda de forajidos buenos para acabar con los forajidos malos.
Aunque sus ciudadanos se estaban jugando las libertades o la dictadura, osease, convertirse de nuevo en esclavos de Antonio Tejero Molina y los suyos o seguir viviendo como hombres libres, en aquel tiempo y en aquel país la opinión pública se dividió en dos. Juan Luis Cebrián y Antonio Franco, desde El País y El Periódico de Cataluña, se echaron las manos a la cabeza, se negaron a ser cómplices de aquella barbaridad, silenciaron todo lo que pudieron los crímenes, y luego cuando fue atacado por “defender la Patria de sus enemigos” le dejaron abandonado.
Y Pedro J. Ramírez que desde Diario 16 aplaudió a rabiar las muertes de los bárbaros, pidió que diera el nombre de una calle o una plaza en cada pueblo, municipio, ciudad o villorrio al ejecutor aquellos planes que suponían la salvación de la nación para, meses más tarde, ya en El Mundo, ingresar en la orden de los Terroristas Desamparados, y  atacar con saña, al Presidente intentando meterlo en la cárcel en dos ocasiones.
Mientras tanto, en todo tiempo pero en otro lugar, también mataban y ejecutaban en todo momento y espacio a los enemigos de la libertad; a todos aquellos que cuestionaban su forma de vida y ponían en peligro los logros del liberalismo, el libre mercado y la sociedad de consumo. O a los que pretendían corromper a los suyos con sus ideas destructivas y corrosivas, encaminadas a minar su sociedad de la opulencia y del bienestar y a sembrar el germen de la discordia dentro de sus fronteras en una guerra que tenía muy poco de fría.
Pero nunca los presidentes de aquella nación ordenaban personalmente disparar contra uno, poner una bomba contra otro o utilizar la ponzoña o el veneno contra un tercero. Esa era labor de los servicios secretos, de esa especie de inframundo de las tinieblas que tenía ramificaciones en el departamento de Estado, el Pentágono, la CIA y  la Agencia Nacional de Seguridad. Su agentes no sólo actuaban por propia mano. A veces, adiestraban y daban armas a los esbirros o a los altos mandos de los ejércitos de países "amigos" para quitar de en medio a los opositores comunistas pagados con el “oro de Moscú” y al servicio siempre de la desintegración de las naciones civilizadas para que el comunismo, emboscado en los parlamentos y en las instituciones no pudiera convertirse en un caballo de Troya que se hiciera con el poder y tomara el Palacio de Invierno en una o dos jornadas.
En otro tiempo más cercano y en el mismo lugar llegó al poder un presidente al que dieron el Premio Nobel de la Paz. Pensó entonces que las guerras convencionales ya no tenían sentido y que la eliminación de los terroristas eran una cosa demasiado seria para dejarla en manos de un grupo de autodenominados “especialistas”.
EL CONTRATERRORISMO ES MUCHO MÁS SERIO QUE LA GUERRA CONVENCIONAL. POR ESO, OBAMA DECIDE PERSONALMENTE Y EN CADA INSTANTE QUÉ DIRIGENTES DE AL QAEDA DEBEN SER EXTERMINADOS
Decidió que si era necesario debía mancharse las manos con la sangre de sus enemigos antes que tener que hacerla con la de sus ciudadanos y que sería el mismo quien en la guerra secreta desencadenada en 2011 y 2012 en Yemen, Somalia y Pakistán, entre otros países, diera todas las órdenes. Por eso, cada vez que había que exterminar a alguien del “imperio del mal” se reunía con todos sus colaboradores en un despacho secreto y estudiaba todas las posibilidades para causar el menor daño posible y evitar las víctimas inocentes. 
Las reuniones contraterroristas llegaron a hacerse tan habituales que se celebraban todos los miércoles en la sala de crisis (Situation Room) con el Presidente llevando siempre la iniciativa y examinado desapasionadamente, como el que hace un trabajo más, la terrorífica Kill List que le presentan los servicios secretos. Y decidiendo personalmente quién debía morir y quién no, con el fin de atacar siempre a la cabeza de Al Qaeda y limitar dentro de lo posible los daños colaterales para no crear nuevos mártires.
-- General, ¿puede decirme a que distancia se encuentra este colegio?
-- Según el satélite, a cien metros
-- ¿Y puede garantizarme que la bomba no va a matar a un solo niño?
-- No señor. Eso no lo puedo garantizar.
-- Pues habrá que investigar más y buscar otro lugar.
En mayo cuando la noticia salió a doble página en el diario The New York Times la gente se extrañó de que el jefe de la nación más poderosa del mundo, partidario de acabar con la guerra de Irak, las torturas y con el campo de prisioneros de Guantánamo (aunque no haya podido cumplir esto último) se encargara de ultimar en persona a cada terrorista que estuviera pensando poner en riesgo la vida de sus ciudadanos, pero nadie se alarmó. Lo afirmaba NYT:

“President Obama, overseeing the regular Tuesday counterterrorism meeting of two dozen security officials in the White House Situation Room, took a moment to study the faces. It was Jan. 19, 2010, the end of a first year in office punctuated by terrorist plots and culminating in a brush with catastrophe over Detroit on Christmas Day, a reminder that a successful attack could derail his presidency. Yet he faced adversaries without uniforms, often indistinguishable from the civilians around them. “How old are these people?” he asked, according to two officials present. “If they are starting to use children,” he said of Al Qaeda, “we are moving into a whole different phase.” It was not a theoretical question: Mr. Obama has placed himself at the helm of a top secret “nominations” process to designate terrorists for kill or capture, of which the capture part has become largely theoretical. He had vowed to align the fight against Al Qaeda with American values; the chart, introducing people whose deaths he might soon be asked to order, underscored just what a moral and legal conundrum this could be.
The New York Times agrega sin la aportar la menor apostilla o crítica:
Mr. Obama is the liberal law professor who campaigned against the Iraq war and torture, and then insisted on approving every new name on an expanding “kill list,” poring over terrorist suspects’ biographies on what one official calls the macabre “baseball cards” of an unconventional war. When a rare opportunity for a drone strike at a top terrorist arises — but his family is with him — it is the president who has reserved to him-self the final moral calculation.
“He is determined that he will make these decisions about how far and wide these operations will go,” said Thomas E. Donilon, his national security adviser. “His view is that he’s responsible for the position of the United States in the world.” He added, “He’s determined to keep the tether pretty short.”
Y, más adelante, el rotativo señalaba:
Nothing else in Mr. Obama’s first term has baffled liberal supporters and confounded conservative critics alike as his aggressive counterterrorism record. His actions have of-ten remained inscrutable, obscured by awkward secrecy rules, polarized political commentary and the president’s own deep reserve[1].
Nadie se lo reprochó ni puso el grito en el cielo por aquellos hechos ni dijo que el Presidente era un asesino y que había que colocar sobre su nombre una X como una especie de ignominia, degradación, deshonor o vergüenza para él, sus generaciones y su partido. En aquel país, el 96 por ciento de sus gentes piensan que matar a los “enemigos de la libertad” es un acto de legítima defensa y no se les ocurre poner en guardia a quienes solo piensan en poner una bomba a traición diciéndoles “desenfunda” ni mucho menos echarles un sermón explicándole que “Alá nunca ordenó exterminar a los no creyentes”.
Pero en todas partes hay Pedro J. Ramírez´s dispuestos a joder a la marrana y hace unos días los republicanos pidieron explicaciones de qué se estaba haciendo con los drones y por que el Presidente de la gran nación decidía siempre el último segundo en que debían dejar caer las bombas sobre los malos. Y el presidente no rehuyó el debate. “Desde que yo doy las órdenes sólo han muerto asesinos, uno de ellos un americano es cierto, pero no hemos matado obreros, transeúntes y mucho menos  mujeres o niños. Además, frente a ellos, nosotros tenemos la legitimidad moral de no desear el mal a nanie ni usar a los niños para convertirlos en terroristas e inmolarlos convirtiéndolos en “bombas vivientes” para matar a sus semejantes”.
Era lo que la gente, que no hace otros juicios políticos, morales, partidistas ni de oportunidad estratégica, esperaba oír. Su presidente hacía lo correcto. Era un tipo OK. Porque eso es lo que le gustaba que ocurriera a cualquier americano honrado, lo que estaría dispuesto a hacer por su país en aquellas circunstancias en cualquier tiempo y lugar, y se acabó el debate.
Esa es la diferencia entre España y Estados Unidos. Si Felipe González hubiera dispuesto de drones, tal vez nadie le hubiera echado la culpa por lo de los GAL. Que no es cierto que no sirvieran para nada, fueran un acicate para el terrorismo y aumentaran las víctimas, que eso son falacias del atolondrado de José María Aznar, ese sujeto irresponsable y tarambana, sin sentido de Estado, que para ganar unas elecciones rompió el pacto secreto sobre la guerra antiterrorista firmado por Felipe González y Manuel Fraga, y de otro tipo más inmoral todavía, al que se conoce por Pedro J. Ramírez.
Los datos reales son los siguienrtes. En los primeros años de actuación, los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL) redujeron con sus asesinatos el número de atentados a la tercera parte (aunque no el número de muertos ya que ETA decidió cambiar la pistola por el coche bomba)[2], acabaron con el santuario del Sur de Francia, obligaron a Francia a intervenir en aquel conflicto armado y a deportar a los “cabecillas” de la banda armada a terceros países. En el quinto año de actuación (1999) las muertes por atentado se habían reducido a 26 y en 1996, cuando González deja el poder, sólo se producen 5 víctimas, lo que indica que ETA estaba acabada[3].
Lo cual, siendo moralmente reprobable y políticamente poco correcto, no puso en riesgo ni la democracia ni a las instituciones, como afirma el novio de Exhuperancia Rapú. Lo malo es que luego vino José Luis Rodríguez Zapatero, se dejó contagiar de las ideas venenosas y cáusticas  de ese engendro de periodista al que un video sacó del armario, desandando todo el camino emprendido por sus predecesores y empezó a pensar que todos los terroristas eran intrínsicamente buenas personas, que ni siquiera eran unos “chicos descarriados” como pensaba Xavier Arzalluz, le dio todo lo que pidieron, les sacó de la cárcel, les regaló las instituciones, y puso fin a lo que el nacionalismo llamó “cuarta guerra carlista”.
Ahora solo falta que los enemigos del pueblo vasco, es decir lo que se sienten españoles, hagan las maletas y regresen a Castilla, y que alguien arranque las lápidas de las tumbas de sus  víctimas, para dar por terminado el conflicto “sin vencedores ni vencidos“(porque a los presos los sacará de la cárcel el Tribunal Europeo de Derechos Humanos) para que todo haya acabado. Con un claro ganador, claro, el terrorismo y sus métodos.
Y será entonces cuando ETA entregue las armas.  ¿Por qué para qué van a querer los terroristas las pistolas si el Estado ya se ha puesto de rodillas ante sus dirigentes y les ha entregado todo lo que pedían y mucho más de lo que figuraba en la Alternativa KAS y en la Alternativa Democrática, sus dos plataformas reivindicativas?.
De donde se deduce que no es posible que ETA vuelva a las andadas y a amenazar la democracia y las libertades. Pero si lo hiciere ya no se podrá confiar nunca más en Rodríguez Zapatero. Y mucho menos en los GAL. Los drones, aviones no tripulados, hacen el mismo trabajo, no preguntan y, sobre todo, no van a chivarse al periódico El Mundo. Fabricados por General Atomics Aeronautical Systems en San Diego (California) los también llamados UAV Predator y Reaper, se limitan a dejar caer sus misiles Hellfire, producidos por Lockheed Martin en Alabama y desaparecen sin dejar rastro.
Ese fue el error de Felipe González, haber gobernado hace 30 años. Si se no se hubiera dejado llevar por la impaciencia y se hubiera reservado, hoy la tecnología le hubiera hecho el trabajo que José Amedo y Michel Domínguez. Además, sin preguntar, que no es bueno que haya matonzuelos de tres al cuarto dando ruedas de Prensa o acusando al Gobierno de no respetar los Derechos Humanos de los pistoleros en los medios de comunicación.
  
   


[1] The Shadow War. Jo Becker y Scott Shane The New York Times. May 29, 2012.
[2] Estos son los datos reales tomados del Ministerio del Interior: 1985, 38 muertos frente a los más de 100 ocurridos en 1980 y 1981; 1986, un total 41 víctimas (15 de ellas en dos atentados con coche bomba en calle Juan Bravo y República Dominicana), de donde se deduce que la capacidad operativa de ETA se ha reducido a 36 atentados. En 1987 las víctimas son 55 (11 en atentado a cuartel de Zaragoza y 19 en Hipercor de Barcelona). Es decir, ese año ETA solo puede cometer 24 atentados. En 1988, debido a las críticas internas por Hipercor, las víctimas bajan a 21 y así sucesivamente.
[3] Fernando Múgica, Francisco Tomás y Valiente, Ramón Doral, Miguel Ángel Ayllón e Isidro Usabiaga.

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