Friday, August 20, 2010

RODRÍGUEZ ZAPATERO CONOCÍA DESDE HACE MESES QUE SE PREPARABAN INCIDENTES EN LA FRONTERA CON MELILLA Y NO HIZO NADA PARA IMPEDIRLO


Todo estalló cuando José Blanco ministro de Fomento y portavoz «por entregas» del PSOE calificó como «acto de deslealtad con el Gobierno» la visita del ex presidente del PP José María Aznar a la ciudad autónoma de Melilla para solidarizarse con sus representantes, autoridades y habitantes ante las agresiones sufridas por los grupos independentistas marroquíes debido a la dejadez, cobardía e inoperancia del Gobierno. «No conozco a ningún ex presidente que sin conocimiento del Gobierno tenga este comportamiento», agregó.
Era el miércoles 18 de agosto. Al margen de la ignorancia supina del licenciado Blanco al señalar que Aznar no visitó nunca la ciudad de Melilla durante su mandato como presidente (lo hizo dos veces en 2000 y 2004), al biportavoz del PSOE y del Gobierno hay que atribuirle otras rudezas aún mayores. Por ejemplo, pasar por alto que la Constitución española determina en su artículo 19 que «todos los españoles tienen derecho a circular libremente por el territorio nacional» y que el Tratado de Schengen establece igualmente el «libre tránsito de personas y bienes por toda la Unión Europea». Las ciudades de Ceuta y Melilla constituyen hasta el momento parte del territorio español y, como tales, la frontera de la Unión Europea situada más al Sur.
El expresidente del PP al igual que cualquier otro español tiene, por tanto, todo el derecho a viajar cuantas veces quiera a la ciudad de Melilla sin el permiso al Gobierno. La obligación ineludible en este caso teniendo en cuenta que el presidente del Consejo de Gobierno, Juan José Imbroda, y las autoridades de aquella parte del territorio nacional son militantes de su formación política y reclamaron su presencia.
Frente a esta actitud de patriotismo y respaldo, lo que constituye un acto de falta de resolución y deslealtad a una parte de España, en cambio, es la abdicación y la renuncia del Gobierno que tiene dejada de la mano de Dios a aquella comunidad y que en los recientes enfrentamientos fronterizos con Marruecos lleva 40 días mirando hacia otro lado. Un comportamiento que no es nuevo. Conocida es la indignidad y la vileza a la nación española demostradas en 2001 por José Luis Rodríguez Zapatero cuando, tras la toma de la isla de Perejil por el ejército y la retirada del embajador de Marruecos en España, en lugar de apoyar a su gobierno o solidarizarse con las poblaciones afectadas, se fue a Rabat a entrevistarse con el Rey Mohamed VI y a fotografiarse en su despacho oficial, donde había un mapa del Reino Alauita que incluía a Ceuta, Melilla y a las islas Canarias como parte de su territorio.
EL 17 DE MAYO PASADO, EL PRIMER MINISTRO MARROQUI DELCARÓ EN LA CÁMARA DE REPRESENTANTES DE RABAT QUE SE DISPONÍA A DESCOLONIZAR CEUTA Y MELILLA. ZAPATERO CALLÓ
Porque lo que es verdaderamente insólito y vergonzoso en la situación actual que es, mientras el temor se apoderaba de un amplio sector de la población por el envalentonamiento de los marroquíes que amenazaban con dejar desabastecida a la ciudad, ni un solo representante del PSOE o del Gobierno haya acudido a Melilla a tranquilizar a sus habitantes, tal vez como castigo porque los melillenses no se fían de ellos y le han dado la espalda en las urnas.
Pero, lo que resulta más inquietante todavía, es que ni el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, ni el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero ni la vicepresidenta política María Teresa Fernández de la Vega hayan entablado contactos oficiales con el llamado sultán de Marruecos y emir de los creyentes, Mohamed VI, al objeto de poner fin a los incidentes fronterizos.
Por el contrario, en lugar de salir el defensa de nuestras mujeres-policías, destacadas en la frontera, vejadas de palabra y en carteles denigratorios por la morisma, la ministra de la Igualdad, Bibiana Aído, decidió seguir escondida hasta que el clamor popular la obligó a dar la cara. Pero entonces, en lugar de cerrar el grifo de las subvenciones, amenazar con la repatriación de los cientos de miles de sarracenos que viven en España, clausurar las mezquitas desde las que se les adoctrina en el odio al infiel o mandar a la Guardia Civil a multar a los miles de beduinos que cruzan estos días de norte a sur las carreteras españolas con furgonetas atestadas de pasajeros y cargadas hasta los topes, la ministra del talante decidió reglar un millón de euros más a Marruecos. Un dinero que obviamente le vendrá como anillo al dedo al Gobierno marroquí para financiar a las asociaciones pro independentistas del norte del país para que socaven un poco más la españolidad de las dos ciudades.
Con todos los ministros desaparecidos en combate y los edificios oficiales cerrados por vacaciones, el Gobierno, como es habitual cada vez que se plantea un problema de esta índole, decidió endosárselo al jefe del Estado, quien viajará los próximos días a Rabat a intentar convencer al Rey y líder espiritual de la morería de que no mande más agitadores a insultar a nuestros policías y a bloquear los pasos fronterizos.
Esta es la consecuencia de tener a un ignaro e incapaz en el Gobierno, a un individuo que defiende el «talante» y la «alianza de civilizaciones» con los enemigos de España y actúa a palos con los representantes de la nación; un personaje que ha desarbolado al Ejército y ha reducido el tamaño de sus unidades en Ceuta y Melilla, integradas en más de un tercio por musulmanes, al 50 por ciento de sus efectivos y con munición para resistir menos de quince días de ataque, hechos que sin duda conoce el Emir de los Creyentes marroquí por la cantidad de infiltrados que debe tener en el tercio Gran Capitán de la Legión o en el regimiento de infantería ligera Regulares-52.
Porque otra de las grandes habilidades de Zapatero ha sido nombrar ministro de Defensa a una catalanista seudo separatista la cual, a su vez, ha tolerado que las baterías de costa de la zona de la Línea de la Concepción (32 kilómetros de alcance), desde las que se puede batir todo el norte de Marruecos incluso con ojivas nucleares tácticas, estén servidas igualmente por soldados de origen marroquí, muchos de ellos presuntos enemigos de España en caso de conflicto, a los cuales se les permite estos días además celebrar el Ramadán dentro de los propios cuarteles.
UN TERCIO DE LOS CONTINGENTES DE LAS UNIDADES MILITARES ESPAÑOLAS EN LAS PROVINCIAS AUTONOMAS SON MOROS A LOS QUE SE PERMITE LA CELEBRACIÓN DEL RAMADÁN EN LOS CUARTELES
Todo lo cual explica que una monarquía de la Edad Media, donde el Rey no sólo es el dueño absoluto de vidas y haciendas sino que como presunto descendiente de Mahoma y presidente del Consejo de los Ulemas, ejerce una influencia religiosa total en la sociedad, en la que se persigue a periodistas y políticos, se permita desafiar cada vez con más ímpetu la integridad de la nación española.
Hijo de Lalla Latifa Hammou, la primera mujer de Hassan II, de origen bereber, frente al recelo y a la desconfianza de su padre hacia las levantiscas regiones del norte de Marruecos, el actual monarca alauita, unido a ellos por lazos de sangre, les ha convertido en sus aliados y servidores. Y con su consentimiento ha nacido toda una pléyade de grupos y asociaciones en Nador (Coordinadora de la Sociedad Civil en el Norte de Marruecos, Gran Rif de Derechos Humanos, Frente Nacional por la Liberación de Ceuta y Melilla, Comité Nacional para la Liberación de Ceuta y Melilla), instrumentalizados por el Rey con el único fin de presionar y crear problemas a España, forzar el plan de autonomía marroquí para el Sahara y acelerar lo que llaman la «descolonización» de las dos ciudades españolas del Norte de África.
La prueba más palpable de que todas estas supuestas ONG’s son marionetas cuyos hilos se mueven desde Rabat, quedó patente en septiembre de 2007. El 17 de ese mes Mohamed VI llamó al secretario general del partido Istiqlal, Abbas el Farsi, y le encargó la formación del nuevo gobierno.
Una vez en su cargo de primer ministro, El Farsi hace surgir de la nada al fantasmagórico Comité Nacional para la Descolonización de Ceuta y Melilla y otras organizaciones de agitadores profesionales. Conciente de la amenaza que se cernía sobre Ceuta y Melilla, el Gobierno contraatacó organizando cuarenta días más tarde un viaje oficial de los Reyes de España a las dos ciudades fronterizas situadas en el norte de África. «Ceuta y Melilla no son de España, son España», manifestaron los Monarcas, lo que provoca las iras de Rabat.
A partir de entonces, se ponen en marcha otras estrategias encaminadas a la anexión de los dos territorios. El Comité Nacional para la Descolonización de Ceuta y Melilla y la Coordinadora de la Sociedad Civil en el Norte de Marruecos se convierten en la punta de lanza de las movilizaciones y protestas marroquíes en la frontera e inician una campaña masiva de inscripción de moriscos en los registros civiles de las dos plazas de soberanía por el procedimiento de celebrar «matrimonios de conveniencia» con los marroquíes asentados en ambas ciudades autónomas.
LOS VIAJES A MARRUECOS DE MONTILLA Y SU SEQUITO DE SEPARATISTAS CATALANES HAN HECHO CONCEBIR A LAS AURORIDADES DE RABAT ESPERANZAS SOBRE LA ENTREGA DE CEUTA Y MELILLA
Los viajes a Rabat en 2008 y 2009 del presidente y vicepresidente de la Generalitat de Cataluña, José Montilla y José Luis Card-Rovira, con su séquito de «ministros» y diputados hacen el resto. En lugar de apaciguar las aspiraciones marroquíes sobre las dos ciudades echan más gasolina al fuego al presumir ante Abbas el Farsi y la morisma que muy pronto iban a ser independientes, al igual que los vascos, tal y como recoge el CNI en algunos informes.
En una región de España como Melilla, aislada del continente europeo y que desde hace unos años forma un «hinterland» económico con Nador, de donde recibe el 80 por ciento de los bienes de consumo agrícolas y ganaderos, tras la desaparición de la compañía Transmediterránea, las posibilidades de presión marroquíes sobre el territorio y sus habitantes cortándoles los suministros eran evidentes.
Así lo veía el secretario general del Istiqlal y primer ministro marroquí Abbas el Farsi. El 17 de mayo de 2010, un mes después de que el Comité Nacional para la Descolonización de Ceuta y Melilla colocara en la aduana de Maruecos un cartel que ponía «ocupada», planteaba en la Cámara de Representantes de Rabat la «liberación» de las dos ciudades autónomas. Llamamos a la amiga España a abrir un diálogo constructivo con Marruecos para poner fin a la ocupación de estas dos ciudades marroquíes ─ se refería a Ceuta y Melilla ─ y de las islas vecinas expoliadas, dentro del marco de una visión de futuro».
«Sería anacrónico con el espíritu de los tiempos y con las relaciones estratégicas de buena vecindad existentes entre los dos países ─agregó─ que España negara a Marruecos el derecho de recuperar dichos territorios».
UNO DE LOS GRANDES ERRORES DEL GOBIERNO ESPAÑOL HA SIDO PERMITIR LA CREACIÓN DE UN HINTERLAND ECONOMICO ENTRE MELILLA Y NADOR, EN LUGAR DE SUMINISTRAR LOS PRODUCTOS ALIMENTICIOS Y DE PRIMERA NECESIDAD DESDE MÁLAGA
El salto cualitativo dado por el primer ministro era, por otra parte, la respuesta de Marruecos al apoyo dado en España al Frente Polisario y, en especial, la huelga de hambre de la activista de este movimiento Aminetu Haidar en el aeropuerto de Lanzarote, hasta obligar a Mohamed VI a permitirle el regreso a El Aaiún
Siguiendo la consigna de Abbas el Farsi, el 16 de julio el Comité Nacional para la Descolonización de Ceuta y Melilla ocupó la «tierra de nadie» existente entre Marruecos y España, los policías españoles comenzaron a ser acusados de racistas por algunos moros, los mercados de Melilla comenzaron a ser desabastecidos y el reino alauita anunció el envió a Madrid como embajador a España de Ahmed Ould Souilem, un alto cargo del Frente Polisario ahora al servicio del reino alauita.
Este es, por tanto, el contexto actual con el que se encontrará el Rey de España cuando visite Rabat a comienzos de septiembre para buscar un acuerdo conjunto con su sobrino Mohamed VI. Un panorama más sombrío aún tras los diversos informes del diplomático norteamericano Christopher Ross, enviado personal del secretario general de la ONU para el Sahara Occidental, partidario de desbloquear un asunto que parecía ya zanjado mediante una negociación entre Argelia, Marruecos y el Frente Polisario en la que España tiene mucho que decir. Porque, aunque la administración provisional y hasta el control político y militar del territorio lo ejerce el reino alauita, la administración legal de la región sigue siendo la potencia colonizadora ─ España ─ al no haberse transferido oficialmente el asunto a Marruecos ante los organismos competentes el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas ni ningún otra entidad supranacional.
Que Ceuta y Melilla sean no sólo parte de España sino el corazón de España misma va a depender, por lo tanto, del papel que dos individuos de escasas luces y menos sentido común ─ Miguel Ángel Moratinos y José Luis Rodríguez Zapatero ─ adopten en el futuro con respecto al antiguo Sahara y al Frente Polisario, al margen de que un amplio sector de la opinión pública española, mayoritariamente de izquierdas, esté identificada con los sentimientos de los descendientes de los beduinos del desierto de Tinduf. Todo lo demás son palabras huecas y tonterías para consumo interno.

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